El hecho de que un niño caiga enfermo por cáncer es un factor que afecta a toda la familia, por lo que es necesario planear acciones integrales orientadas al núcleo familiar. La aparición del cáncer infantil en la familia es algo traumático e inesperado  y en muchos casos padres, madres o hermanos ven la enfermedad como algo que no tiene solución.

A partir de los cinco años, los niños con cáncer pueden ser conscientes de gravedad de la enfermedad que padecen. Aunque nadie se lo diga directamente, son capaces de percibir la ansiedad y la preocupación que se genera a su alrededor. Por este motivo, desde hace años se aconseja adoptar una postura abierta ante el niño, ofreciéndole información sobre su enfermedad con el objetivo favorecer en él la sensación de autocontrol y ayudarle a  dominar el estrés que la nueva situación puede generar. En la mayor parte de los casos los niños afrontan la enfermedad de una forma muy madura, algo que a los adultos nos puede llegar a sorprender.

La actitud de los padres puede variar, los hay que sospechaban la presencia de la enfermedad, otros se sorprenden mientras que algunos nunca se lo habían planteado. Los padres pueden enfrentarse a diferentes problemas:

familia ninos

  • Psicológicos: La reacción vendrá determinada por la personalidad de los miembros de la familia o la experiencia previa con otras enfermedades. Las reacciones más habituales son negación de la enfermedad, aturdimiento, culpabilidad, ira, ansiedad o falta de control. Incluso un sentimiento de duelo anticipado y depresión. Si existen problemas de pareja previos, estos pueden agravarse, aunque en otros casos unen más a los miembros de la familia.
  • Sociales: El traslado continuo a los centros hospitalarios, generalmente alejados de los domicilios familiares, supone un esfuerzo de organización y de la gestión del tiempo, que se traduce en bajo rendimiento o ausencia del trabajo. En muchos casos uno de los miembros de la familia tiene que abandonar su actividad laboral. También se produce aislamiento social, se pierde el contacto con antiguas amistades y se entablan relaciones con padres de otros afectados, lo que hace que de alguna forma su vida sea dominada por la enfermedad del hijo.